Eran las diez de la noche y el hombre esperaba.
Esperaba algo extraordinario, algo único e irrepetible.
Toda su vida lo había estado haciendo. A decir verdad no tenía idea de qué era aquello que aguardaba, pero él mantenía su espera.
Había esperado en casi todos los lugares en los que estuvo. El deseaba con todo su ser ver algo fantástico.
Tenía treinta y siete años.
Treinta y siete años de espera. No creía haber desperdiciado su vida buscando una fantasía. En definitiva, como tanta otra gente de la que él se reía interiormente, deseaba ver un milagro. Presenciarlo. Sentir que había algo mas que esta existencia chata y rutinaria a la que se había condenado a si mismo.
Y se había condenado por sus propias elecciones. Por aquellos caminos que tomó esperando algo distinto... olvidando el pequeño detalle de que esta chata y rutinaria vida puede ser de hecho, extraordinaria.
Pero que eso depende de cada uno.
Él, en cambio, continuaba esperando algo mas.
Había salido a caminar un poco; hacía mucho calor en la ciudad. Y el único ventilador que tenía había dejado de funcionar, por algún misterioso motivo, hacía dos días.
Tomó la vereda del Parque Rivadavia, sobre la Avenida. Caminaba lentamente, cabizbajo. Pensativo. Pero con la mente en blanco.
Repentinamente algo lo sobresaltó. No supo bien que era, pero había visto algo en el parque.
Se acercó rápida, pero silenciosamente, a la reja. Y contuvo la respiración.
Algo se movía. Caminando dentro del parque. Claramente era una figura humana, pero de movimientos extrañamente rígidos. El corazón le latía desesperadamente. La noche y los árboles le dificultaban la visión.
De golpe la figura salió al claro central del parque y siguió avanzando. Se acercó al caballo de bronce, puso un pie en el estribo, montó, y sacando el sable de su funda tomó su posición.
Él continuaba aferrado a la reja. Súbitamente volvió a respirar... su corazón aún continuaba agitado.
Retrocedió sin darse vuelta hasta retomar la vereda. Giró hacia el lado por el que había llegado y, mientras unas pequeñas y felices lágrimas le surcaban el rostro, volvió a su casa.
4 comentarios:
Ahh que bueno que escribas de nuevo!! o que muestres lo que escribís :p
Me gustó!
Por fin, ya era tiempo. Está bueno! No hay más?
Gracias!! Pero tiempo al tiempo... aunque tal vez haya sido demasiado. Es como empezar de cero, ahora es todo cuesta arriba. Pero, la verdad, se siente bien subir este camino. Ya veré que sale.
Tal vez de paso resucite algunas cosas vieeeejas, muy viejas. :P
Queremos más, queremos más!!!!
Me encanta que escribas, me gustaría conocer más.
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