La espera era terrible. Infinita.
Su vida giraba en torno a la espera. Y esto lo agobiaba.
¿Qué sentido tenía seguir esperando? ¿Por qué siempre esperaba?
A veces creía que alguien jugaba con él. Que se divertían a costa suya.
¿Existe el destino? Se preguntaba una y otra vez. ¿Es la espera el destino al que fui condenado? ¿Será un castigo? ¿Estaré pagando culpas de otra vida, de alguna existencia previa?
¿Será este mi karma?
Creía en la reencarnación de las almas. Y eso lo deprimía. Porque si estaba siendo castigado de esta manera no quería ni imaginar que clase de persona o ser había sido antes...
Y esperaba...
Deseaba moverse, avanzar o retroceder, no le importaba que o dónde, pero anhelaba con todas sus fuerzas moverse. Y esperaba.
Algo lo retenía y lo impulsaba a aguardar.
¿Temía la reacción tal vez? ¿Las consecuencias inevitables del actuar?
No realmente. Incluso la espera tenía consecuencias, y ya no las soportaba.
Pero algo desconocido e inexplicable lo mantenía firme en la espera. Ansiaba desesperadamente correr. Sin rumbo, persiguiendo el viento. Estaba cansado, realmente agotado, de que este lo atravesara, de sentirlo pasar a través de él y que con cada ráfaga arrastrara una porción de su vida, de su espíritu.
Ya no podía continuar así. Su corazón clamaba por abandonar la espera, por moverse.
No supo bien como, pero en ese momento su corazón tomó el control, y todo cambió para siempre.
Miró a su alrededor, lentamente, como reconociendo, y casi saboreando el momento y el lugar, y sin dudas en su interior abandonó la parada del colectivo, aquél sitio infernal al que, hasta hacía unos segundos sentía atada su existencia, y tomó un taxi.
2 comentarios:
Hola Amor! "El que espera desespera, y el que no se toma un taxi". Nunca nos prives de tus relatos, me encantan.Te Amo. Loli.
¿Entonces puedo continuar torturándolos? :P
Te amo mi vida. Cada día mas!
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